Europa: sus instituciones y valores.


Para comenzar, es importante definir la Unión Europea como una entidad geopolítica extendida por gran parte del continente europeo. Se trata pues de una asociación política y económica compuesta por un conjunto de 28 países. Estos Estados miembros pese a que continúan siendo soberanos e independientes, ponen en común cierta parte de su “soberanía” en aquellos ámbitos en los que puede o debe participar y colaborar. Esta “soberanía” es delegada a las instituciones que participan en la toma de decisiones de la Unión Europea: Parlamento Europeo (compuesto por diputados, representa a los ciudadanos y es elegido por ellos), Consejo Europeo (compuesto por los jefes de Estado o Gobierno de los Estados miembros), Comisión Europea (representa intereses), Consejo de la Unión Europea (representa a los Gobiernos de los Estados miembros), Tribunal de Justicia (ejerce labores jurisdiccionales), el Tribunal de Cuentas (supervisa y controla finanzas y fondos comunes) y, por último, el Banco Central Europeo, encargado de dirigir y aplicar la política monetaria de la zona euro.
Pese a que estas instituciones ejercen actividades muy importantes e influyentes para los ciudadanos europeos, bajo mi punto de vista, no todos nos vemos representados por ellas, ya que muchos de los proyectos y políticas que se llevan a cabo no son consultadas de una manera directa a los ciudadanos, sino planteadas y puestas en marcha por diferentes expertos. Es por ello por lo que en ocasiones nuestra participación en ciertos planteamientos se ve claramente restringida.
 En ocasiones también se ha dado cierto “abuso de poder” en la toma de decisiones y la puesta en marcha de ciertas prácticas por parte de algunas de estas instituciones, concretamente el Banco Central Europeo ya que no pocas veces ha intervenido en el control y la toma de decisiones relativamente importantes para la Unión Europea, más allá de aquellas que le pertenecen. Así pues, en ocasiones, esta toma de decisiones sobre, por ejemplo, la economía de un país, puede afectar a otros al existir una interdependencia monetaria entre los países pertenecientes a la Unión Europea.
 Tal como se presenta en el Tratado de Lisboa, entre los principales valores de la Unión Europea se encuentran ofrecer y mantener paz, prosperidad, estabilidad, seguridad, desarrollo económico, social y sostenible, respetando los derechos humanos y velando por cada uno de los ciudadanos. Pero, bajo mi punto de vista, el de una ciudadana europea ¿se ven estos valores reflejados en la Unión Europea? Pues bien, la respuesta es no, y no hay mejor ejemplo que la crisis migratoria de refugiados. Actualmente y desde el pasado año 2015 el mar Mediterráneo se ha convertido en una gran fosa común en la que miles de personas están perdiendo la vida. Esto se debe principalmente a que aquellas políticas, acuerdos y procesos “prometidos” para, en cierta manera, cumplir estos valores bajo los que la Unión Europea se respalda, no se llevaron a cabo, y los que lo hicieron, no cumplieron las cifras establecidas. La palabra valores debe ir acompañada de la palabra verdad, porque si lo que se desea es vivir en un país que vele por la seguridad, paz y prosperidad, la restricción de entrada de personas refugiadas y la posterior creación de fronteras controladas, hace que los valores desaparezcan por completo.

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